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IDEARIO
DE 26 AÑOS DE EXPERIENCIA
Explicar
la muerte puede resultar imposible o casi imposible. Pero sí
le podemos dar un sentido, si éste se apoya en la esperanza
que asoma en el momento en que el hombre le da trascendencia a la
muerte; la misma, como hecho social, comienza cuando aquél
entierra a sus muertos.
La relación entre la vida y la muerte es única, irrepetible,
personal e íntima. Aristóteles decía que "los
muertos tienen vida, y que la vida de los muertos está en
la memoria de los vivos".
La experiencia me lleva a decir que pocas veces en la práctica
socorrista tenemos la posibilidad de salvar una vida de manera tan
impactante como cuando realizamos un esfuerzo de reanimación
cardiopulmonar.
El paro cardiorespiratorio es quizás el momento emocional
y dramático más intenso de la vida de la persona que
intenta recuperar el corazón de otra… los acontecimientos
ocurren a gran velocidad y exigen una respuesta inmediata y precisa.
Así, la preocupación por la vida en la emergencia
determinó la necesidad de un enfoque sistemático y
racional... Las técnicas de reanimación brindan las
bases para ofrecer el mejor cuidado posible en situaciones que generan
tanta tensión en el rescatador que a menudo altera su capacidad
para actuar, en una proporción inversa a su grado de preparación
y experiencia, sorprendiéndolo en una disciplina que creía
dominar.
El entrenamiento en estas técnicas constituye un reto para
usted por la alta densidad de información provista en poco
tiempo que involucra una colección de habilidades cognoscitivas
y psicomotoras aprendidas en simulaciones de la vida real.
El soporte vital avanzado es para toda la gente..., para el niño
sonriente que insiste en correr con un juguete en la boca..., para
la joven mujer embarazada que no puede respirar por una complicación
de su valvulopatía reumática,...para la fibrilación
ventricular del joven ejecutivo que olvidó abrazar a su hijo
esa mañana,...para el accidente vasculoencefálico
de esa abuela inmigrante cuya familia llena la sala de espera.
Usted, sea quien sea o haga lo que haga, puede ser en una situación
límite el primer y primordial eslabón de la cadena
de sobre vida que aumente la esperanza de vida de una persona y
recoja el agradecimiento de sus seres queridos.
Es cierto, la mayoría de las veces usted no salvará
a nadie; la mayor parte de sus esfuerzos fracasarán; otros
tantos recuperarán sus corazones pero no las mentes, pero
a veces, sólo unas cuantas veces, podrá salvar vidas.
El contenido de estas recomendaciones es para usted si está
dispuesto a hacer el esfuerzo y le dedica tiempo para luego dárselo
al prójimo, por medio de su Institución. Sólo
necesita su tiempo, sus manos, sus pulmones, su cerebro, su buena
voluntad y por supuesto su corazón.
Hoy vivimos a gran velocidad, con vértigo, con audacia y
con temor a veces u otras sin él, en un mundo que no tiene
límites, y donde el tiempo de reflexión es casi nulo.
Convivimos con una sociedad que todo lo mide, (todo lo que no puede
medirse no puede ser valorado), dicen unos; o...... - lo que no
puede medirse no existe - dicen otros), se podría pensar
por lo tanto que todo tiene un valor económico, o dicho de
otra manera, un "precio". Y tal vez siguiendo esta línea
de pensamiento es razonable que se le ponga un valor a la muerte.
Pero ¿quién le pone precio a la vida?, o..... ¿Es
tan grande su valor que el precio es inmensurable? o..... ¿Es
que no tiene precio?. En nuestro econométrico-sistema ¿cuál
es la medida que le damos a la acción de un socorrista que
salva la vida de un niño que ha caído en un pozo profundo,
o la de un paramédico que acciona un desfibrilador automático
y desfibrila a ese famoso y querido político que hace un
paro cardiorespiratorio frente a millones de personas en un debate
televisivo, o la de ese policía que fuera de servicio intenta
salvar la vida con medidas básicas de sostén de esa
princesa que se ha estrellado con su auto en una autopista europea.
En nuestro mundo de hoy, ya en el tercer milenio y en una sociedad
donde a menudo se menosprecia la vida de muchos, hay quienes se
reconcilian diariamente con la vida cuidando enfermos, saliendo
a la madrugada a gran velocidad a socorrer un accidentado, a darle
una palabra de aliento al moribundo, atendiendo enfermedades infectocontagiosas,
de las cuales mucho se dice pero que habitualmente sólo se
ven a través de una pantalla de televisión, y en el
mejor de los casos a través de un vidrio, en resumen, hay
gente que todavía se "juega" la vida en función
del otro, muchas veces, la mayoría de las veces, sin pedir
nada a cambio. Ellos son integrantes de la Escuela Superior Argentina
de Técnicas Socorristas y de Rescate y del Grupo Especial
de Socorros.
Pablo
Alejandro Covelli
Director en Jefe
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